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miércoles, 3 de agosto de 2011

Argentina: Cine comercial vs cine independiente



Delante o detrás de las cámaras, ambos realizadores tienen el mismo enigma: cómo hacer cine independiente en Argentina y salir exitosos. A punto de venir a Mendoza como invitados del Bafici, Daniel Hendler y Ana Katz apuntan, enfocan y disparan: “Todas las salas se ocupan con producciones cada vez más chotas”. Un debate cultural eterno.
Sucede, a veces: un actor que desembarcó en estas costas del indie sorprende como director; una directora que pisa el cine nacional independiente seduce como actriz, y ambos, detrás de cámaras, estrenan su propia love story.
Detalles: Ella, que suele ponerle a sus películas títulos preciosos (“El juego de la silla”, “La novia errante”), ya demostró que puede actuar y dirigir con la misma destreza. Pero en su tercer largometraje “Los Marziano” se interesa por ponerlo a Guillermo Francella (actor fetiche para el despegue nacional) en el eje de una película que ya va camino a competir por “la Concha de Oro” en el Festival de Cine de San Sebastián. Su nombre también es potente y bello: Ana Katz.
Detalles: Él debutó en Buenos Aires en una publicidad de teléfonos. Antes, había querido ser actor, arquitecto, músico y otra vez actor. Nada indicaba, durante su niñez yoruba, que en su vocación influirían Rocky Balboa y Flash Gordon. Más adelante, los inquietantes personajes que descubrió en las películas de Woody Allen y en las de Ingmar Bergman, lo atravesaron más integralmente, “me hicieron apreciar ‘el cine’”. Queda claro que, en este plano, el director de “Norberto apenas tarde” no disimula emociones: “Lloro casi siempre. La última que vi fue Medianoche en París y creo que lloré”.
Entonces, ¿qué se trae la dupla Katz-Hendler? Además de una hijita llamada Helena, como la de Troya, ambos llegan a la provincia como invitados del Bafici local. Vienen, eso sí, con un tema en mente que da para intensas charlas: “Cine independiente vs cine comercial”.
-¿Qué ventajas y obstáculos encuentra hoy en Argentina un realizador como Hendler?
-¿Ventajas?: la libertad de expresión y el fácil acceso a la tecnología para filmar. Obstáculos: el poco espacio que dan los exhibidores al cine de autor, la facilidad que tienen las grandes distribuidoras norteamericanas para ocupar todas las salas con producciones cada vez más chotas, y una tendencia a la homogeneización de las vías de producción de las películas, lo que limita cada vez más la “naturaleza” de cada proyecto, y la idea de que cada película debe encontrar su propio sistema de producción.
-En Bafici Mendoza disertarán sobre ‘industria vs indie’, ¿qué traza hoy, para vos, ese límite?
-Creo que no hay un límite preciso. En general, el cine independiente intenta ser lo más comercial posible, para encontrar espacios de exhibición, y para poder recuperar lo invertido.
La independencia es un concepto impreciso aplicado al cine. Es muy costoso producir una película y pretender la independencia absoluta puede ser necedad. De todas formas, intentaremos ahondar sobre esto.
Iremos más hondo, pues: diremos que en Argentina toda película es fatalmente (incluso en el buen sentido) independiente. Que aunque exista una estructura estatal siempre un film será ‘bajo presupuesto’. Que, aunque Campanella haya pisado la red carpet, el cine argentino no sólo puede subsistir de la fe.
Que, igual, la única manera de sobresalir sin traicionarse es atraer miradas en esas vidrieras que son los festivales, camino del samurái que (ejemplo Lucrecia Martel) puede deparar felicidades europeas. Entiéndase: llamar la atención de algún ‘nombre’ (volvemos al caso Martel, que cautivó al mismísimo Almodóvar) capaz de producir tu próximo film.
Claro que Ana confía en el futuro del cine. Sobre todo, dice, porque “creo que estamos viviendo una época de mayor compromiso y porque hoy se puede hablar con franqueza”. ¿Será “Los Marziano” la gran sorpresa del festival de San Sebastián? Pensemos que allí deberá vérselas con películas como “Las razones del corazón”, del mexicano Arturo Ripstein; “Take this waltz”, de la directora canadiense Sarah Polley, y “Le Skylab”, de la también actriz y directora francesa Julie Delpy, entre otros filmes.
Como sea, ella sabe qué historias se propone contar y en ese relato (que involucra el humor negro y la mueca íntima) mantenerse íntegra. Incluso en los últimos años, en los que “las dificultades económicas y de distribución llevaron a algunos directores a hacer un cine poco genuino”.
Sucede, a veces: se escribe porque sí, se pinta porque sí, hacen películas porque sí. Katz alcanzó a sentir, como espectadora, ese letargo gratuito. Fue entonces que se puso a criticar “las producciones que sólo se hacían por el deseo de un grupo de gente que, tal vez, no tenía nada para contar”. De ahí, su cálculo: “mientras más razones auténticas para filmar existan, mientras mejores sean los argumentos, más gente va a tener ganas de ver”.
¿Un exitoso cine de autor en la Argentina? ¿Con posibilidades de circulación mundial? ¿Y por qué no? Total, se sabe que a la gran industria cinematográfica le sucederá como a los grandes sellos de música: lo complicado no será filmar, ni distribuir por la Red; lo difícil será sostener una mirada.
La películas de Katz y Hendler aparecen, entonces, con ese doble desafío: diferenciarse de la nutrida lista de realizadores independientes (en sus distintas variantes y versiones) que existen en el país y poder construir un proyecto sustentable. Para eso, tienen lo que necesitan: una de pulmón, otra de aliento.

Fuente: Lycaonteam
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