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viernes, 5 de septiembre de 2008

Ermanno Olmi, León de Oro honorífico para el director que mira desde abajo


El cineasta italiano Ermanno Olmi recibió hoy en Venecia, de manos de su amigo Adriano Celentano, el León de Oro a toda su carrera, en la que con títulos como "El árbol de los zuecos" o "La leyenda del santo bebedor" miró la realidad desde el punto de vista de las clases menos favorecidas.

Nacido en Bérgamo (norte de Italia) hace 77 años, Olmi se reconoció "sordo como una tapia" durante la rueda de prensa que ofreció en la Mostra, pero fue desgranando con aureola de sabio venerable la filosofía de su cine y de su vida.

El director resumió su trayectoria como un trabajo consagrado "a una de las posibilidades más nobles que ofrece el cine: conseguir que la gente se reconozca en él, captar la civilización".

Heredero directo, ya casi el único, del neorrealismo italiano, Olmi recordó cómo ese cine sacó a la cultura "del pantano en el que estaba, en ese estado absolutamente parado y fuera de la realidad".

Y así, Rossellini y Vittorio de Sica, primero, y Pasolini y él después, se atrevieron "a contar la realidad de la que procedían".

"No es ignorancia dirigirse a los ignorantes. Es de ignorantes no conseguir que ellos te entiendan", argumentó.

Olmi, en concreto, vivió la realidad rural y católica de su país y supo captar con especial lirismo, sin renunciar al realismo, la vida en el campo. "Soy un aprendiz del descubrimiento del mundo, de su silenciosa magnificencia", aseguró.

"Un árbol habla de manera infinita y poder adoptar esa postura es maravilloso. Siempre he luchado por mantener el encanto infantil de sorprenderme con la cotidianeidad", prosiguió.

Esa misma postura -"la de saber apreciar la espera, la bella espera", dijo- en ocasiones le ha granjeado fama de plúmbeo, pero le ha llenado también de premios.

En 1977 recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes gracias a "El árbol de los zuecos" y fue héroe en su patria con "La leyenda del santo bebedor", en 1988, por la que ganó el León de Oro de la Mostra. Entre ambas, tuvo que retirarse debido a una grave enfermedad sanguínea.

Su adiós definitivo, en principio, lo anunció el año pasado tras presentar allí su última película, "Cien clavos", pero "en realidad, no puedo saber ni lo que haré dentro de diez minutos y mi vida está siempre abierta a la sorpresa. ¡Cuántas veces el hombre se reconoce traidor del juramento que se hizo a sí mismo!", explicó.

Su tono amable, con el que dio una comparecencia ante los medios una atípica sensación de intimidad, no le impidió llamar a la rebelión: "Lo que menos me gusta de la época en la que vivimos es la falta de coraje para decir lo que se piensa".

"Los lectores no deberíamos comprar periódicos, para demostrar que no queremos leer lo que quieren contarnos y los periodistas deberían resistirse a la humillación a la que están sometidos hoy en día", enfatizó en relación al monopolio mediático italiano ejercido por Mediaset.

"Tenemos que recuperar la responsabilidad individual, porque sólo con ella podemos considerarnos ciudadanos", enfatizó Olmi.

El realizador cuenta también con extrañas piezas en su filmografía, como la biografía cinematográfica de Juan XXIII "E venne un uomo" (1965) o todas las cintas documentales que realizó durante su primera etapa, en la que trabajaba para la fábrica de Edison en Milán.

Ya en 2001, el cine de su país le dio por fin nueve David de Donatello a "El oficio de las armas", en la que se centró en la figura de Giovanni de Médicis y, en 2004, fue nombrado caballero de la Orden del Mérito de Italia.

Esta tarde, la Mostra de Venecia culmina el homenaje a su figura -que ya había intentado en 2004, según el director de festival, Marco Müller- con la entrega de este León de Oro honorífico, después de haber proyectado su obra completa en los días anteriores.

Fuente:
Yahoo

domingo, 1 de junio de 2008

El renacimiento del gran cine 'político' italiano


El cine italiano, durante años criticado, olvidado y hasta menospreciado, renació el pasado fin de semana de sus cenizas en el prestigioso festival francés de Cannes gracias a dos filmes con fuertes tintes políticos, que golpean directo las entrañas de la sociedad.

'Gomorra', de Matteo Garrone, una descripción sin piedad de una sociedad contaminada a todos sus niveles por la mano de la mafia, y 'El Divo', de Paolo Sorrentino, una sátira amarga sobre un discutido y enigmático político italiano, ganaron el segundo y tercer premio, arrancando elogios de la crítica tanto a nivel nacional como internacional.

"Nuestro cine está más vital que nunca", comentó emocionado uno de los grandes maestros vivientes del cine italiano, Ermanno Olmi, quien a los 76 años recibirá el León de Oro por su carrera en el próximo festival de cine de Venecia, a finales de agosto.

Los dos filmes, dirigidos por cineastas de 40 años, prosiguen la tradición del legendario cine neorrealista italiano que presentaba la realidad cotidiana sin artificio y cuyos principales representantes fueron directores de la talla de Roberto Rossellini, Luchino Visconti y Vittorio de Sica.

"Son dos filmes que confirman el valor del cine que representa la realidad. Los dos tienen un estilo fuerte y completamente diferente, aunque revelan dos cosas contiguas: uno el lado oscuro de la política y el otro sus consecuencias sobre la sociedad", sostiene en una entrevista al diario La Repubblica otro gran cineasta "político" italiano, Francesco Rosi.

La nueva generación de cineastas italianos, que abordan la realidad sin prejuicios ideológicos, como escribe el veterano crítico Paolo Mereghetti en el Corriere della Sera, retoman con una mirada original, nueva y actual un fenómeno universal como la mafia y el poder político.

Como en 1972, cuando Elio Petri con 'La clase obrera va al paraíso' y Francesco Rosi con 'El caso Mattei' vencieron juntos en Cannes, Garrone y Sorrentino intentan narrar un país enfermo, corrupto, envilecido.

"Dos películas que se comportan como un médico que ausculta las patologías sin perder la esperanza", comentó entusiasta el colega Marco Tullio Giordana, quien presentó en Cannes fuera de competición 'Sanguepazzo'.

En total cuatro películas italianas fueron seleccionadas en Cannes, todas dignas de distribución internacional, de alta calidad y con lenguajes no comerciales y en parte financiadas con fondos del Estado.

Al contrario del año pasado, cuando Italia fue excluida de la célebre competición francesa y se decretó "la muerte oficial del cine italiano", como dijo el director estadounidense Quentin Tarantino, este año renació por lo alto.

"'Gomorra' es un filme potente, dinámico, que durará en el tiempo", lo definió el presidente del jurado, el actor y director Sean Penn, apoyado por el cineasta mexicano Alfonso Cuarón, quien confesó a Garrone su satisfacción por el "redescubrimiento" del gran cine italiano.

El sorprendente resultado en Cannes ha generado también no pocos interrogantes entre productores e instituciones oficiales, divididos entre apoyar el cine de autor y experimental o impulsar el comercial y taquillero. "Comedias populares o filme de autor, cine documental o para entretener, Italia tiene de todo para todos los públicos. Finalmente somos una industria", comentó Riccardo Tozzi, presidente de la Asociación de Productores.

Fuente: Yahoo

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